Cuando nos vinculamos con personas que su sol nos cae en la casa 12
Hay decisiones que uno toma creyendo que está siguiendo su corazón, que su alma lo está guiando… pero en realidad, lo que yo seguí fue una fantasía.
Todo empezó como una historia perfecta. Aquí, al igual que en mi libro, le llamaré Antonio José.
Conocerlo fue como vivir una película. Una historia completamente pisciana. Él tiene su sol, ascendente y varios planetas en Piscis; yo tengo mi luna en Piscis. Sentía que me entendía perfecto, como si hablara mi mismo idioma emocional.
Nuestra historia empezó en Facebook. Yo le envié la solicitud, él me aceptó, y empecé a ver sus publicaciones. Cada cosa que compartía me resonaba. Lo sentía cercano… hasta que un día me lancé y le escribí.
Mi intención era simple: saludar, intercambiar ideas, conocerlo un poco más. Pero desde ese primer mensaje no dejamos de hablar. La conexión fue inmediata. Sentíamos que nos conocíamos de antes. Y no era solo una percepción mía… un día él me dijo:
“Creo que en otras vidas ya nos conocíamos y quedó algo pendiente”.
Tuvimos una relación a distancia de más de un año. En medio, llegó la pandemia y no pudimos vernos. Cuando todo empezó a normalizarse, él me propuso que me fuera a vivir a España con él. Sonaba descabellado… pero acepté.
Empezamos a organizar todo, y en medio de restricciones, trámites, pruebas, permisos… Fue un proceso desgastante. Hasta que finalmente llegué a Madrid. Él me recogió para irnos a Granada.
En ese momento sentí que todo cambió, no lo puse en palabras, pero ya mi intuición me estaba hablando. Cuando lo vi, era el mismo hombre que conocía a través de una pantalla, pero el saludo fue frío. Incómodo. Desde ese momento empecé a sentir que algo no encajaba.
Y no encajó. No nos sentimos cómodos. No fluyó. No funcionó. Después de dejar mi trabajo, de alquilar mi casa, de vender y regalar mis cosas, de irme solo con mi ropa… regresé a Colombia con una mano adelante y otra atrás, como decimos aquí.
Porque todo se había construido sobre una ilusión. Era una relación que funcionaba… solo en la distancia.
Esta historia la cuento mucho más a profundidad en mi libro “La huella del karma”, que espero lanzar este año. Pero a partir de esta experiencia, entendí algo muy importante en astrología.
Cuando en sinastrias el sol de una persona cae en la casa 12 del otro, son relaciones que tienden a vivirse desde la fantasía, desde lo intangible. Pueden sentirse mágicas, incluso kármicas, como si conocieras al otro de toda la vida… pero también tienden a no concretarse, a diluirse, a quedarse en lo que pudo ser. Y en este caso, se cumplió perfectamente: su sol caía en mi casa 12, y el mío en la suya.
Además, había más factores. Él tenía una energía pisciana muy fuerte: soñador, idealista, con dificultad para enfrentar lo incómodo. Y yo, con mi luna en Piscis —también en casa 12—, estaba en la misma frecuencia.
En ese momento, además, había un tránsito importante: Neptuno en cuadratura a mi Neptuno natal. Todo hablaba de lo mismo; idealización, una relación no se sostiene sólo de sueños, si no hay estructura, compromiso, responsabilidad afectiva, conversaciones incómodas, que es lo que nos brinda saturno, no funciona, la tendencia es a que se quede en el aire.
